La
decadencia en el fútbol argentino se observa a simple vista. Y como
consecuencia, pese a que la mayoría de los jugadores se encuentran en el
exterior, la Selección Argentina también atraviesa una profunda crisis. Sin
embargo, cosechás tres victorias y la crisis se transforma en gloria, hasta que
volvés a perder y la crisis, que nunca se fue, aparece de vuelta.
Los motivos
pueden ser muchos como pocos. Escasa preparación de los directores técnicos,
carente capacidad de los jugadores, extremo miedo a perder, excesiva presión
tanto de los hinchas, periodistas, como de los mismos entrenadores y jugadores.
Conjuntamente, hay un aspecto fundamental, tan fundamental como los anteriores,
que es el éxodo temprano de jugadores a Europa. Con apenas 18 años ya firman
sus primeros contratos en el exterior y el fútbol argentino no lo llega ni a
disfrutar ni a aprovechar.
En la
última década los ejemplos son tantísimos. A tal punto que no es necesario un
paso por la Primera División. A Paulo Dybala le alcanzó con una temporada en
Instituto en la B Nacional, una serie de goles y no más. Contacto desde Europa,
oferta, firma de contrato y un jugador menos en el fútbol argentino. Ante esto
los perjudicados son todos. Instituto pierde un importantísimo jugador. Le
ingresa una suma importante de dinero, pero en caso de retenerlo unos años más
la cotización del jugador aumentará y el ingreso será aún mayor. Otro gran
perjudicado es el jugador. Con menos de veinte años partió rumbo a Europa,
donde deberá esperar y esperar para tener una oportunidad. Además, también se
perjudica tanto el fútbol argentino como también, como consecuencia, la
Selección Argentina.
En Boca
hace un año apareció un joven volante por izquierda. Juan Sánchez Miño tiene un
panorama de juego que carece en el fútbol argentino. Lo mismo sucedió en River
con la aparición de Ezequiel Cirigliano, como volante central. Ambos entienden
el juego casi a la perfección. Y es casi a la perfección, ya que en muchas ocasiones
la obligación de cumplir con la orden del entrenador impide demostrar aún más
su juego. Actualmente, realizar un cambio de frente en el fútbol argentino
parece ya olvidado. No obstante, Sánchez Miño y Cirigliano piensan que no, que
cambiar el juego hacia donde está un compañero libre es un avance y lo efectúan
como tal.
Pausa,
dinámica, habilitaciones, son todos conceptos que en dos jóvenes como ellos
están adoptados desde su comienzo en la Primera División. Aspectos que gran
cantidad de jugadores con muchos partidos en Primera aún no logran incorporar.
Hasta entrenadores de, supuesta, experiencia no los intenta desarrollar en el
campo de juego.
Pero los
clubes europeos no son ciegos. Sánchez Miño y Cirigliano ya están en vistas en
los grandes equipos de afuera. Las ofertas llegan día a día por estos dos
juveniles que sobresalen en la mediocridad del fútbol argentino. Sin embargo,
su temprana salida de Argentina afectaría a todos. Hasta a la Selección
Argentina. Por lo tanto, deben quedarse, formarse como jugadores, crecer en
Argentina, porque sin dudas crecerá el fútbol argentino y ellos mismos, a los que
Sabella necesitará en Brasil 2014.

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