viernes, 17 de agosto de 2012

Una clásica semana




Matías está ansioso, nervioso también. Porque lo vive así, con esa mezcla de sentimientos y ese cosquilleo en la panza que aún no sabe si es por la ansiedad o por los nervios. Es la semana previa al clásico. El club de sus amores se enfrenta al rival de toda su vida. Y Matías vive, siente, transita esta semana diferente a otras semanas, porque estos sietes días no los puede comparar con el resto. Así es como vive el clásico Matías.

Matías es apenas un joven de unos escasos 17 años. No obstante, hace ya más de diez años que concurre a la cancha y, obviamente, a cada clásico. Con su papá, con amigos, con un gran grupo de gente que siente lo mismo que él. Matías va siempre a ver a su equipo, pero la semana previa al clásico la vive como un partido de siete días, un cotejo que comienza apenas termina la fecha previa al encuentro preponderante.

No le gusta hablar con sus compañeros de curso del tema y menos apostar ni arriesgar un resultado. Tal vez la ansiedad o los nervios le juegan en contra ante estas charlas, o quizás su amor por el fútbol y su club cree no es igual al que sienten sus compañeros. Por eso se mantiene al margen y no participa en las conversaciones futboleras del colegio.

Matías vive esta semana con pasión. Se informa a cada minuto qué pasa con respecto al clásico. Cómo va a jugar su equipo, cómo lo hará el rival, si se venden o no entradas. Para él el clásico es casi todo. Apenas sale el fixture, lo primero que busca es la fecha del clásico. Y no para ver si ese día podrá o no asistir a la cancha. Sino para confirmar que ese día no podrá hacer otra cosa más que eso, más que vivir el clásico.

Conjuntamente, Matías se prepara también para el momento esperado, ya que como no tiene la oportunidad de estar en el campo de juego, de ser uno de esos 22 afortunados, decide jugarlo desde la tribuna, desde ese lugar que escogió estar hace más de diez años. Papelitos, globos, rollitos, banderas, todo comienza desde el lunes para que el fin de semana no haya ningún imprevisto. Todo preparado, todo listo como cada clásico, como cada semana previa al clásico.

“Mira el reloj, cuenta las horas, la ansiedad crece, el tiempo parece detenerse”, relata el poema. El momento más esperado llegó. Está todo listo. La semana ya pasó y el fin de semana dice presente. Matías está ansioso y a la vez nervioso, como en cada clásico. Porque así lo vive. Lo vive con el corazón.  

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