Matías está
ansioso, nervioso también. Porque lo vive así, con esa mezcla de sentimientos y
ese cosquilleo en la panza que aún no sabe si es por la ansiedad o por los
nervios. Es la semana previa al clásico. El club de sus amores se enfrenta al
rival de toda su vida. Y Matías vive, siente, transita esta semana diferente a
otras semanas, porque estos sietes días no los puede comparar con el resto. Así
es como vive el clásico Matías.
Matías es
apenas un joven de unos escasos 17 años. No obstante, hace ya más de diez años
que concurre a la cancha y, obviamente, a cada clásico. Con su papá, con
amigos, con un gran grupo de gente que siente lo mismo que él. Matías va
siempre a ver a su equipo, pero la semana previa al clásico la vive como un
partido de siete días, un cotejo que comienza apenas termina la fecha previa al
encuentro preponderante.
No le gusta
hablar con sus compañeros de curso del tema y menos apostar ni arriesgar un
resultado. Tal vez la ansiedad o los nervios le juegan en contra ante estas
charlas, o quizás su amor por el fútbol y su club cree no es igual al que
sienten sus compañeros. Por eso se mantiene al margen y no participa en las
conversaciones futboleras del colegio.
Matías vive
esta semana con pasión. Se informa a cada minuto qué pasa con respecto al
clásico. Cómo va a jugar su equipo, cómo lo hará el rival, si se venden o no
entradas. Para él el clásico es casi todo. Apenas sale el fixture, lo primero
que busca es la fecha del clásico. Y no para ver si ese día podrá o no asistir
a la cancha. Sino para confirmar que ese día no podrá hacer otra cosa más que
eso, más que vivir el clásico.
Conjuntamente,
Matías se prepara también para el momento esperado, ya que como no tiene la
oportunidad de estar en el campo de juego, de ser uno de esos 22 afortunados,
decide jugarlo desde la tribuna, desde ese lugar que escogió estar hace más de
diez años. Papelitos, globos, rollitos, banderas, todo comienza desde el lunes
para que el fin de semana no haya ningún imprevisto. Todo preparado, todo listo
como cada clásico, como cada semana previa al clásico.
“Mira el
reloj, cuenta las horas, la ansiedad crece, el tiempo parece detenerse”, relata
el poema. El momento más esperado llegó. Está todo listo. La semana ya pasó y
el fin de semana dice presente. Matías está ansioso y a la vez nervioso, como
en cada clásico. Porque así lo vive. Lo vive con el corazón.

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