Pasaron dos
fechas y ya nada es igual. O sí, pero sin vos. Porque fuiste, sos y serás el
distinto, el más rápido, pese a que muchas te jactan de lento. El que juega
primero con la cabeza para luego jugar con los pies. El que juega con sus
compañeros, porque al fin y al cabo el fútbol es un juego, un juego entre
compañeros.
Pasaron dos
semanas y desapareció el toque. Ese toque que regalabas cada fin de semana. El
fútbol espera que tu salida de Boca haya sido un hasta luego. Porque vos Román,
si Juan Román Riquelme, sobresaliste sobre el resto. Entendiendo el juego,
haciendo simple lo que para muchos es difícil, hasta en algunos casos
imposible.
El fútbol
argentino está atravesando, hace varios años, una decadencia significativa. La
obligación de ganar como sea impide
el jugar, el divertirse, eso que Riquelme hasta hace un mes lo desplegaba con
sencillez dentro del campo de juego. Obvio que todos quieren ganar, hasta
Riquelme quiere ganar. Pero para Román y para otros más también interesa jugar
bien y divertirse.
Ernesto
Sábato escribió algún día: “Una tarde, al intervalo, la Chancha le decía a
Lalín: cruzámela, viejo, que entro y hago gol. Empieza el segundo jastáin,
Lalín se la cruza, en efeto, y el negro la agarra, entra y hace gol, tal como
se lo había dicho. Volvió Seoane con lo brazo abierto, corriendo hacia Lalín,
gritándole: viste, Lalín, viste, y Lalín contestó ¡sí pero yo no me divierto!”.
Y Lalín es como Riquelme y como otros más que quieren divertirse en la cancha.
Tu salida
de Boca fue eso, la salida de un equipo. No el retiro de un jugador. Porque
seguramente querrás seguir jugando, aprendiendo, divirtiéndote. Y el fútbol
argentino lo lamenta, y mucho. Porque ahora quién da un pase gol, quién piensa,
quién analiza el juego dentro de la cancha y después se lo explica a los
periodistas, quién remata un tiro libre.
Pasaron dos
fechas y ya el fútbol te extraña, te pide que vuelvas, o mejor dicho que
juegues en cualquier equipo. Porque también lograste eso, que te quieran ver
jugar sin importar la camiseta, sea Boca, Tigre, Villareal o Quilmes. La gente
quiere eso, esos pases que en la cancha se preguntan cómo hizo eso si no estaba
viendo.
Como dice
la canción “un día sin tí es una eternidad”. Pasaron dos fechas y parecieron
campeonatos y campeonatos. El juego sigue igual, o peor, ya que se fue el único
que intentaba cambiarlo, de hacerlo por lo menos un poquito mejor. No obstante,
no fue un retiro, sino un hasta luego, porque él, Juan Román Riquelme, quiere
seguir jugando al fútbol.

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